Antes de que existiera la pared naranja, en ese rincón había un pequeño baño de la antigua casa. Sus muros de adobe húmedo, un lavabo de loza y las tuberías oxidadas contaban la rutina sencilla de otro tiempo. Con los años, el baño fue desmontado y en su lugar se levantó este muro, pintado de un naranja que intenta borrar el pasado. Pero las grietas y manchas aún susurran la memoria de aquel espacio olvidado, donde alguna vez el agua y la vida tuvieron su lugar.
